Y después de que cae la tarde, siempre estoy en el mismo sitio, esperando. No me preguntes qué, o a quién, si lo supiera ya me habría largado. Sé perfectamente que el día que lo descubra todo se habrá ido allá, al lugar de la nada. Esta tarde hacía frío, y a estas alturas de la noche siento que la neblina cae y pone una cortina a mis ojos, que ven difícilmente las sombras que se mueven a la distancia. Danzas febriles a la luna menguante para que se lleve los espíritus empeñados en arruinar las vidas. Quizás eso es lo que espero yo, que se vayan mis fantasmas con las lágrimas, aunque me quede seco. No recuerdo cuándo fue la última vez que lloré, mi memoria no retiene muchas cosas, sólo la espera...
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