martes, 3 de julio de 2012

viernes, 27 de abril de 2012

El tiempo erosiona, siempre. Hay días en que es tormenta, se viste de rojo, desgarra la piel; otros, es tan lento que no se siente la huella de su paso. Hasta que ya no somos.

lunes, 5 de marzo de 2012

Mexiquenses


Esta mañana escuchaba el Himno al Estado de México, escrito en 1884 por Heriberto Enríquez, y como ocurre cada que repito la letra, se me hizo curioso el verso que dice “mexicanos por patria y provincia”, pues ahora somos mexicanos por patria y mexiquenses por provincia. Y es que en realidad este gentilicio , mexiquense, acuñado según dicen durante la administración de Alfredo del Mazo (1981-1986), es el que usamos actualmente para designar a quienes nacimos en el Estado de México.

Al respecto, José G. Moreno de Alba dice en sus Minucias del lenguaje: “Hace tiempo di mi opinión (…) señalando que, por una parte, resultaba indispensable la formación de un gentilicio que identificara a los originarios de ese estado y que permitiera distinguirlos de los mexicanos, que somos todos los nacidos en este país; y, por otra, hacía ver que el adjetivo mexiquense, que comenzaba por entonces a oírse y a escribirse, estaba formado de acuerdo con las normas de derivación de la lengua española mediante la adición de un sufijo (-ense) empleado muy frecuentemente para formar gentilicios.”

Así mismo, anota que con justicia, el término mexiquense aparece registrado en el Diccionario de México de Juan Palomar de Miguel, publicado en 1991 en cuatro volúmenes por la Editorial Panorama.

Cosas curiosas, pues. Como sea, me sigue pareciendo lindo que en algún tiempo hayamos sido mexicanos por doble partida, y que quede constancia de ello en nuestro himno y por qué no anotarlo, en la letra de canciones como Zacazonapan: "...México, patria y estado sí señor / soy mexicano dos veces / es doble honor..."

martes, 15 de noviembre de 2011

De objetos encantado(re)s


El domingo me encontré con dos personas extraordinarias. Sí, su trabajo es ponerse a dialogar con los objetos y lograr que ellos les cuenten la historia del lugar que habitan, la función que tuvieron en ese espacio, e incluso dar una idea del aspecto general que tuvo su casa. Me sorprendió cómo al mirar las ruinas de una antigua planta generadora de electricidad (que a mí en lo particular me puso triste nomás de pensar en el saqueo de la maquinaria a manos de buitres humanos y la falta de respeto de la gente que ha grafiteado sus paredes) se emocionaron y pensaron en la enorme responsabilidad que sería trabajar ahí, en ese terreno lleno de misterios y de palabras por descubrir. Es minuciosa su labor. Antes de que un objeto hable hay qué limpiarlo, clasificarlo, juntarlo con otros de su tipo (tal vez platiquen y juntos se animen a hablar con su encantador), medirlo, en fin, es una tarea ardua, pero gratificante. No sé que historia me contarán si los vuelvo a ver, de hecho no sé si los veré de nuevo, pero de momento, dejo aquí el luminoso edificio que, viéndolo bien, aún conserva su majestuosidad y si uno se sienta a sus pies y aguza el oído, podrá escucharlo susurrar ternuras al viento.

jueves, 23 de junio de 2011

Mínimas


Estaba triste: descubrió que sólo había sido puerto de paso, estación intermedia, nunca destino final. Ahora quería ser viajera.

miércoles, 26 de enero de 2011

Poema

Hay en mi alma un pozo muerto, donde no se refleja el sol, y del que huyen los pájaros con terrores de virgen ante un misterio de cadáveres.

Mi alma es un palacio de piedra, donde habitan los ausentes, trayéndome la sombra de sus cuerpos para alivio y compañía de mi vida.

Mi alma es un campo desbastado donde el rayo quemó hasta las raíces, y donde no puede florecer ni el cardo.

Mi alma es una huérfana loca, que anda de tumba en tumba buscando el amor de los muertos.

Mi alma es una flecha de oro perdida en un charco de fango.

Mi alma, mi pobre alma, es una ciega que marcha a tientas sin apoyo y sin guía.


Teresa Wilms Montt, poeta chilena, contemporánea de Huidóbro.