Un espacio hecho de remiendos, de pedacitos de memoria que buscaban aterrizar en algún lugar y encontrarse...
martes, 15 de noviembre de 2011
De objetos encantado(re)s
El domingo me encontré con dos personas extraordinarias. Sí, su trabajo es ponerse a dialogar con los objetos y lograr que ellos les cuenten la historia del lugar que habitan, la función que tuvieron en ese espacio, e incluso dar una idea del aspecto general que tuvo su casa. Me sorprendió cómo al mirar las ruinas de una antigua planta generadora de electricidad (que a mí en lo particular me puso triste nomás de pensar en el saqueo de la maquinaria a manos de buitres humanos y la falta de respeto de la gente que ha grafiteado sus paredes) se emocionaron y pensaron en la enorme responsabilidad que sería trabajar ahí, en ese terreno lleno de misterios y de palabras por descubrir. Es minuciosa su labor. Antes de que un objeto hable hay qué limpiarlo, clasificarlo, juntarlo con otros de su tipo (tal vez platiquen y juntos se animen a hablar con su encantador), medirlo, en fin, es una tarea ardua, pero gratificante. No sé que historia me contarán si los vuelvo a ver, de hecho no sé si los veré de nuevo, pero de momento, dejo aquí el luminoso edificio que, viéndolo bien, aún conserva su majestuosidad y si uno se sienta a sus pies y aguza el oído, podrá escucharlo susurrar ternuras al viento.
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